La luz le daba de lleno a la cara, es más le daba
de hostias. Arrastraba los pies con un leve contoneo, sin duda estaba
muerto. Se dice que te das cuenta de que has muerto cuando dejas de pensar, y
eso era exactamente lo que le había sucedido. Ahora caminaba sin dirección,
agotado de todo, de la vida, y tal vez, quizá tal vez, demasiado cansado como
para morir.
Lo que resulta más fascinante, es la capacidad
que tenía para levantarse después de tropezar una y otra vez y caer al suelo de
golpe para llegar a su destino. Sacaba las llaves lentamente, como si fuese una
persona normal. Todavía no se daba cuenta de su estado, de su patético y triste
estado. Y que cojones le iba a importar si ya estaba muerto; la fiesta se había
acabado para él. Luchaba contra la gravedad para apoyar un pie sobre otro y
llegar hasta su casa, dormir y soñar. Había sido una larga noche, y ahora necesitaba descansar.
Analizando
todos los hechos, las cuentas le salían, todo el largo sufrimiento para llegar
a casa había compensado. Estar con sus amigos y pasárselo bien, no lo es todo
en la vida, pero ahora mismo, es el recuerdo próximo más alegre que recordaba
en su estúpida cabecita.
Pd:
Estamos en diciembre, así que, felices resacas zombis.



